La bronca no se fue, pero las revoluciones ya volvieron a su ritmo natural. "De eso ya hablé", dijo de manera tajante ayer Juan Antonio Pizzi cuando fue consultado sobre el arbitraje de Luis Alvarez en el partido ante Gimnasia. Y en el mismo tono contestó cuando se le pidió una reflexión sobre los dichos del árbitro ("No me arrepiento de ningún fallo", dijo el lunes en una radio de Buenos Aires). "Es un problema de los árbitros que tienen que contestar ellos y no yo. Es una visión muy personal que sólo él puede contestar. Yo no me voy a meter en declaraciones ni apreciaciones de los demás.", apuntó el técnico, quien sí ratificó sus palabras en el convulsionado vestuario visitante en el bosque platense. "No modifiqué en nada lo que pensé y declaré en su momento. De igual forma creo que el mensaje que tenemos que dar es el de mirar para adelante, pensar en el partido del sábado, incluso sorteando las dificultades que puedan presentarse, que pueden ser los fallos arbitrales, el clima, el planteamiento del rival, una mala tarde nuestra... A todos esos inconvenientes nosotros debemos encontrarles la fórmula para ganar el partido", esgrimió.
"El sabor amargo no se pasó, pero nuestra obligación es pensar para adelante, en el futuro y encarar con la mejor predisposición posible el partido del sábado", abundó Pizzi.
Seguramente todo esto forma parte no sólo de la manera de ser del entrenador, sino de una estrategia de bajar un poco los decibeles después de lo sucedido y de todo lo que se habló. Por eso señaló que "después del partido entre todos analizamos y sacamos la conclusión de que hubo un número importante de factores externos al árbitro que nos impidieron ganar, aún con mayor incidencia que el error del árbitro. Sin variar nuestro pensamiento sobre el fallo arbitral, nosotros debemos encontrar los caminos y mejorar para no depender, incluso de ese tipo de errores".
Es más, se lo notó mucho más suelto cuando su discurso entró en el terreno de lo estrictamente futbolístico. Allí expuso su convencimiento acerca de que Central debió ganar "por lo que hicimos en el primer tiempo. Fue un partido parejo en el que no sufrimos muchas situaciones en contra. De todas formas no generamos el volumen de juego que tuvimos en el primer tiempo".
¿Qué pasó precisamente en ese segundo tiempo? "Jugamos mal. No repetimos lo que habíamos hecho en el primero y tenemos que encontrar los motivos, de hecho ya los buscamos junto a los jugadores. Tenemos que tratar de mantener durante todo el partido el funcionamiento de ese primer tiempo. La realidad es que en el segundo no pudimos imponer nuestro juego ni generar situaciones de gol", agregó.
—Dentro de dos fechas se cruzan los cuatro equipos de arriba (River con Quilmes y Central con Instituto). ¿Puede ser clave para marcar alguna tendencia? —Definitivo no va a ser. Fijate que se descuentan puntos de una manera muy fácil y te saca puntos cualquier rival que por ahí no creés que pueda suceder. De hecho nosotros tenemos un partido que, a priori, todos pueden pensar como accesible, pero yo ya dije muchas veces que no podemos dar por ganado ningún punto. No tenemos el nivel de juego como para creer que vamos a ganar un partido antes de jugarlo y lo mismo le pasa a los demás equipos. No es momento de hablar de definiciones.
—¿Eso del nivel de juego es un proceso lógico, algo que esperaban antes del reinicio del torneo?
—Tampoco el año pasado veía que ganáramos partidos antes de jugarlos. Salvo raras excepciones a nivel mundial no veo equipos que antes de jugar ya tengan ganados sus partidos de antemano. Sí coincido en que a medida que vayan pasando los encuentros el nivel de juego del equipo debe ir mejorando. A eso estamos apuntando.
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